Mikel Merino silencia la Puerta de Brandenburgo

Berl铆n, 5 jul (EFE).- Lo que parec铆a en el minuto 89 como una fiesta, se acab贸 convirtiendo en un funeral en el 119. Mikel Merino, el centrocampista de la Real Sociedad, silenci贸 en un segundo a los millares de alemanes que se congregaron en la emblem谩tica Puerta de Brandenburgo y dej贸 a la hinchada lugare帽a tan fuera de la Eurocopa como a su selecci贸n.

Los alemanes se lamentan en la puerta de Brandenburgo, Berlín, Alemania. EFE/EPA/Christian Thiel
Los alemanes se lamentan en la puerta de Brandenburgo, Berl铆n, Alemania. EFE/EPA/Christian Thiel

Berl铆n, 5 jul (EFE).- Lo que parec铆a en el minuto 89 como una fiesta, se acab贸 convirtiendo en un funeral en el 119. Mikel Merino, el centrocampista de la Real Sociedad, silenci贸 en un segundo a los millares de alemanes que se congregaron en la emblem谩tica Puerta de Brandenburgo y dej贸 a la hinchada lugare帽a tan fuera de la Eurocopa como a su selecci贸n.

Desde dos horas antes del choque, una inmensa hilera recorri贸 los nublados alrededores del monumental monolito, sede de la Zona Aficionados, de tal manera que la seguridad del recinto tuvo que desviar los accesos hacia otros puntos de entrada.

La mayor铆a, l贸gicamente, son alemanes, abarrotaban con entusiasmo el falso c茅sped implantado frente a la gigantes pantalla colocada para alentar a la 'Mannschaft'. Bufandas, collares, banderas y dem谩s parafernalia constitu铆an el uniforme imprescindible para la 茅pica confrontaci贸n.

Pero no estaban solos. Entre ellos se infiltraban m煤ltiples grupos con la camiseta roja de Espa帽a. Eran pocos, pero valientes. Los nombres de Morata, Nico Williams o Rodri se intercalaban entre las innumerables el谩sticas teutonas. Musiala y Toni Kroos eran sus dorsales m谩s repetidos.

Frente a la pantalla que escoltaba al emblem谩tico monumento se empezaba a sentir el griter铆o de los hinchas, que acompa帽aban las animosas incitaciones del presentador del evento previo.

Los abucheos irrumpieron cuando este pregunt贸 al p煤blico si hab铆a gente de Espa帽a y estos se convert铆an en estruendosos 谩nimos cuando se invirti贸 el destinatario de la duda. Justos pero no revueltos.

Curiosamente la m煤sica que son贸 para animar el ambiente no fue en la lengua de la afici贸n mayoritaria鈥 sino en de la esforzada armada hispana. Las canciones latinas amenizaron la incesante espera al encuentro.

Los silbidos retornaron al anunciarse los once elegidos por Luis de la Fuente para saltar al c茅sped del MHP Arena de Stuttgart y, de nuevo, se transformaron en gritos de apoyos para acompa帽ar a la alineaci贸n titular de Alemania. El presentador solo tuvo tiempo a pronunciar el nombre de los futbolistas de Nagelsmann. Los apellidos corr铆an a cuenta de la hinchada, con Jamal Musiala como el hombre m谩s reclamado.

Lleg贸 el momento solemne. La Marcha Real espa帽ola transcurri贸 entre el respeto de los lugare帽os y el sonoro acompa帽amiento del enfervorizado p煤blico de rojo. A continuaci贸n, subieron los decibelios. Los euf贸ricos alemanes entonaron a capela y de manera emotiva su himno nacional, intentando que su eco se escuchase a 600 kil贸metros de Berl铆n, donde ten铆a lugar la contienda.

Arranc贸 el duelo y el gent铆o se llev贸 su primer sobresalto con la ocasi贸n inicial de Pedri. La tensi贸n inicial subi贸 cuando el canario recibi贸 la falta de Toni Kroos, protestada por los pocos espa帽oles que solicitaron infructuosamente amarilla para el exmadridista, y con la sufrida por Lamine Yalmal, con el mismo ejecutor de protagonista, instantes despu茅s. El tinerfe帽o fue el primer ca铆do en combate y los alemanes de la Zona Aficionados lo despacharon entre ir贸nicos gestos de despedida.

El 谩nimo de los hispanos, algo tocado por la sensaci贸n de injusticia, se vino arriba con las primeras ocasiones y la cartulina mostrada a R眉diger.

La primera exaltaci贸n alemana se hizo derogar hasta los veinte minutos, cuando Havertz enganch贸 un claro testarazo que detuvo Unai Sim贸n y que llev贸 las manos a la cabeza a los fieles teutones, que recrearon el gesto de orientarla hacia donde creyeron que deb铆a hacerlo el delantero del Arsenal.

Ambos protagonistas repitieron escena un cuarto de hora despu茅s, con id茅ntico resultado pero distinto procedimiento: esta vez es un disparo raso. Las dos acciones inflamaron a los berlineses, que comenzaron a corear el grito de guerra nacional: "隆Deutschland, Deutschland!".

El ambiente se atemper贸 con el paso de los minutos. La esterilidad en cuanto a juego mostrada en el c茅sped de Stuttgart no ayud贸 a la motivaci贸n del p煤blico congregado en la Puerta de Brandenburgo.

Lleg贸 el descanso. Durante la tregua, el presentador trat贸 de enardecer nuevamente al respetable con c谩nticos dedicados a los jugadores alemanes. Y este respondi贸 con furor. Entre el p煤blico se dej贸 ver la ministra de Exteriores de Alemania, Annalena Baerbock, luciendo su camiseta de la Mannschaft como una aficionada m谩s.

La segunda mitad arranc贸 como la primera: otra ocasi贸n hispana, esta vez de Morata, que avis贸 a los germanos.

La advertencia se convirti贸 en realidad pocos minutos despu茅s, cuando Dani Olmo, el reemplazo de Pedir y hasta ahora venerado en tierras alemanas, remat贸 al fondo de la red el preciso centro del joven Lamine. Los pocos y valerosos espa帽oles disfrutaron de lo acontecido en territorio comanche. Entre los alemanes cre铆an los nervios. Alguno, incluso, no se tom贸 bien la celebraci贸n del ten铆a al lado.

Tras el desconcierto, la salida al campo del popular F眉llkrug revitaliz贸 a los petrificados teutones, que ve铆an en 茅l la esperanza para igualar el duelo.

Las continuas embestidas de los de Nagelsmann, frustradas entre Unai Sim贸n y la eficiente defensa, impacientaron a la muchedumbre. El bal贸n al palo del esperado F眉llkrug volv铆a a desesperar el ambiente.

Los hinchas descargaron sus iras en Morata y Nico Williams cuando fueron sustituidos, a la vez que recibieron en honor de multitudes al veterano Thomas M眉ller.

Cuando todo apunt贸 a la tragedia, y como tantas veces ha hecho en su historia Alemania, Florian Wirtz finalmente atendi贸 a sus plegarias. Lleg贸 el 茅xtasis. La desolaci贸n se torn贸 en explosi贸n de j煤bilo.

Volv铆a el color a la gris Puerta de Brandenburgo, que tembl贸 ante la sacudida de la gente. Incluso las nubes se contagiaron del 谩nimo y se apartaron para que el sol saliera a relucir. Se lanzaban petardos y el ambiente se cargaba de un intenso olor a p贸lvora. La cerveza volaba y empapaba la Zona Aficionados. Los espa帽oles, que se ve铆an en semifinales, se arrinconaRON entre el alborozo reinante.

La pr贸rroga se supon铆a una inyecci贸n de moral para el gent铆o, que vio en su rival, debilitado por las ausencia de sus dos incisivos extremos, a una v铆ctima propiciatoria. De nuevo Wirtz estuvo a punto de erigirse en doble h茅roe, ante el clamor de los que ya vislumbraban su remate dentro de la meta. Los teutones enfurecieron cuando el 谩rbitro ignor贸 la posible mano dentro del 谩rea de Cucurella.

Pero cuando todo parec铆a abocado a la agon铆a de los penaltis, emergi贸 imperial Mikel Merino para fosilizar la silueta de Neuer y toda la Zona Aficionados. El des谩nimo cund铆a de nuevo. Los espa帽oles se adue帽aron de la escena. Alemania recib铆a de su propia medicina.

La Puerta de Brandenburgo no volver谩 a proyectar m谩s partidos del equipo anfitri贸n durante la Eurocopa. Como ninguna pantalla volver谩 a hacerlo de Toni Kroos. Espa帽a y su afici贸n, en cambio, s铆 salieron por la puerta grande. Por la Puerta de Brandenburgo.

Juan Manuel S谩nchez